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Mateo Capítulo 6

Un día en la vida de Jesus

⬅️Capítulo 5 Capítulo 7➡️

Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:

1 Bienaventurados los de espíritu humilde, porque de ellos es el reino de los cielos.

2 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

3 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

4 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

5 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

6 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

7 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

8 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

9 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 

10 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

11 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.

12 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 

13 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 

14 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

15 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. 

16 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. 

17 De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos. 

18 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

19 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. 

20 Pero yo os digo que cualquiera que provoca a su hermano, será culpable de juicio;

y cualquiera que ordena maldad de alguna manera a su hermano, será culpable ante el concilio;

y cualquiera que enseña mentira, quedará expuesto al fuego eterno. 

21 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que has pecado en contra de tu hermano, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 

22 Cuando pecares contra tu hermano, arregla pronto las cosas con él, quien te lleva a juicio. Hazlo mientras aún están juntos en el camino, no sea que tu adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas arrojado a la cárcel.

23 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. 

23 a Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. 

23 b Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. 

23 c Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

24 También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. 

24 a Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.

33 Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás a יהוה Creador De Todo Lo Que Existe, tus juramentos. 

33 a Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 

33 b ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 

33 c Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. 

33 d Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

34 Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 

34 a Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 

34 b y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 

34 c y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 

35 Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

36 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 

37 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 

para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 

38 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 

39 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 

40 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

41 Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.

41 a Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 

41 b Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, 

41 c para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

42 Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 

43 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

44 Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. 

44 a No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. 

45 Vosotros, pues, oraréis así:

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 

Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 

Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 

Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal;

porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. 

46 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre que esta en el cielo; 

47 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

48 Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 

49 Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, 

49 a para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

50 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 

51 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 

52 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

53 La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; 

54 pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?

55 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro.

56 No podéis servir a Dios y a las riquezas.

Por tanto os digo:

57 No os afanéis por vuestra vida,

57 a qué habéis de comer o qué habéis de beber;

57 b ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir.

57 c ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 

57 d Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 

57 e ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 

57 f  Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 

57 g pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 

57 h Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 

57 i No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 

57 j Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre que esta en el cielo sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

57 k Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

57 l Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día sus propios problemas.

58 No juzguéis, para que no seáis juzgados. 

58 a Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. 

58 b ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 

58 c ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 

58 d ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

59 No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

60 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 

60 a  Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 

60 b ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? 

60 c ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? 

60 d Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? 

61 Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.

62 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; 

62 a Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

63 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 

63 a Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 

63 b Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. 

63 c No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. 

63 d Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. 

63 e Así que, por sus frutos los conoceréis.


64 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 

65 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 

66 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

67 Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 

67 a Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 

68 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 

68 a Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.

69 Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; 

70 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

71 Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. 

72 Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. 

73 Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. 

74 Entonces Jesús le dijo:

Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos.

75 Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, 

76 y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. 

77 Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. 

78 Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. 

79 Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a este: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. 

80 Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían:

De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 

81 Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; 

82 mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. 

83 Entonces Jesús dijo al centurión:

Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.

84 Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de este postrada en cama, con fiebre. 

85 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía. 

86 Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; 

87 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías 53:4, cuando dijo: Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.

88 Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado. 

89 Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. 

90 Jesús le dijo:

Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. 

91 Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. 

92 Jesús le dijo:

Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.

93 Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. 

94 Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. 

95 Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! 

96 Él les dijo:

¿Por qué teméis, hombres de poca fe?

Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. 

97 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es este, que aun los vientos y el mar le obedecen?

⬅️Capítulo 5 Capítulo 7➡️




Que יהוה CREADOR DE TODO LO QUE EXISTE te bendiga y te proteja, haga resplandecer su rostro sobre ti, tenga de ti misericordia y ponga en ti paz.

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