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Mateo Capítulo 22

Mateo Capítulo 22

Jesús en la región de Judea

1 Llego Jesús a las regiones de Judea, al otro lado del Jordán. 

Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí.

2 Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? 

Él, respondiendo, les dijo:

¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, 

y dijo: Por esto el hombre dejará papá y mamá, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? 

Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. 

Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? 

Él les dijo:

Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. 

Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.

3 Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse. 

Entonces él les dijo:

No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado. 

Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.

4 Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. 

Pero Jesús dijo:

Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos. 

Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí.

5 Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? 

Jesús le dijo:

¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios.

6 Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. 

Le dijo: ¿Cuáles?

Y Jesús dijo:

No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu papá y a tu mamá; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. completar la lista de los mandamientos

El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?  

Jesús le dijo:

Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. 

Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

7 Entonces Jesús dijo a sus discípulos:

De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. 

Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 

Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? 

Y mirándolos Jesús, les dijo:

Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible. 

8 Entonces respondiendo Pedro, le dijo:

He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos? 

Y Jesús les dijo:

De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. 

Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. 

Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.

9 Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. 

Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. 

Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; 

y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. 

Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. 

Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? 

Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo. 

Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. 

Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. 

Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. 

Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, diciendo:

Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día. 

Él, respondiendo, dijo a uno de ellos:

Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? 

Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. 

¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno? 

Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.




Que יהוה CREADOR DE TODO LO QUE EXISTE te bendiga y te proteja, haga resplandecer su rostro sobre ti, tenga de ti misericordia y ponga en ti paz.

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